Paralelismos entre “Un mundo feliz” y el mundo actual.

En el mundo feliz de Aldous Huxley se perfila una sociedad utópica-distópica en la que se emplean determinados elementos para mantener la estabilidad del nuevo orden creado para la prosperidad y felicidad de los pseudo-seres creados en laboratorio. 

Entre los elementos perfilados por el autor en los años 30 del siglo pasado destacan, por supuesto, el “soma”, y otros elementos como el sensorama, la música sintética y la hypnopedia. 

El “soma”

Comenzando por el “soma”, éste es una droga que se administra en determinados momentos o que los personajes consumen según determinadas circunstancias. Así, se dice en varios pasajes a quien lo esté pasando mal por alguna razón, que se tome dos tabletas de medio gramo de soma, como si de chocolate se tratase. O dos gramos de soma curan diez minutos de pensamientos nocivos. O, ante la expectativa de un sufrimiento inmediato, alguien se toma medio gramo de soma. 

También se recoge la evasión de una persona mediante las “vacaciones de soma”, esto es, mientras está sufriendo los efectos de la droga, de las que luego se levantará, para, a continuación, volver a sumergirse en el mundo creado por dicha droga. 

Trasladando el soma al mundo actual, en lo primero que podría pensarse es en las sustancias psicotrópicas u opiáceas que son objeto de consumo ilegal. No obstante, en el libro se trata de una droga administrada por el sistema, algo “legalizado” en cierta medida. Así, el soma podría parecerse al uso legalizado del “alcohol” en la sociedad, como vía de escape de los problemas sujeto a determinados límites si tras su ingesta se van a realizar tareas que requieren algún tipo de pericia y ponen en peligro la vida de los demás (conducir, operar a un paciente, o pilotar un avión). 

La jornada de 8 horas

En segundo lugar, en los últimos compases del libro -que es donde se recoge un intenso debate filosófico y religioso- se discute si deben aplicarse o no los avances de la ciencia.

Pese a tratarse de una sociedad basada en la producción en cadena y la aplicación de métodos científicos (véase la constante referencia a Ford), la ciencia no puede desarrollarse y avanzar libremente, sino que está sujeta a control puesto que no se desean avances científicos que si bien podrían mejorar la producción podrían implicar mayores horas de descanso para la sociedad. De este modo, el interventor “Mustafá Mond” defiende que no pueden aplicarse avances científicos si ello determina que la población no esté ocupada. El afán porque la sociedad no esté ociosa recuerda un reciente debate que se suscitó de las palabras del magnate mejicano Carlos Slim, el cual defendía la jornada laboral de tres dias a la semana.

Según los postulados del libro -los cuales quizás resulten de aplicación en el mundo actual-, no interesa que la gente esté desocupada mucho tiempo, sino que produzca durante un tercio del día, para descansar durante otro tercio y consumir en el tercio restante. Así la máquina de producción y consumo no se detiene. También es muy curioso cómo en el libro se repite la idea de que lo viejo no se repara, se tira y se compra otra cosa nueva. 

El sensorama, la música sintética y la hipnopedia

En tercer lugar, en el libro hay un conjunto de elementos que permiten mantener a la población ocupada en determinadas diversiones de forma que no tengan ratos de ocio no controlado por el sistema. Así, se habla del sensorama o de mensajes a través de música sintética. No se me ocurre mejor comparación con la tecnología del mundo actual que equiparar esos medios de control con las actuales pantallas. 

En el reducido espacio de un teléfono móvil, en las escasas pulgadas de un trozo de cristal, se encierra un ingente mundo de información llamado internet y redes sociales que procura a los usuarios los estímulos de confort que el cerebro necesita en los ratos de ocio o por causa de contrariedad. Un mal día en el trabajo o un aburrido trayecto en transporte público pueden tornarse en instantes divertidos abriendo vídeos de humor en YouTube, chistes en Instagram o comprando algo amén Amazon. De este modo, la “felicidad” está al alcance de un clic. En cierta manera, el teléfono móvil es como una ración de “soma” autoadministrada por sus propietarios. 

Pero la cosa no queda ahí, porque por detrás hay una “hipnopedia” o control que es el ejercido por la denominada “inteligencia artificial”, resultado de múltiples combinaciones matemáticas de gustos, patrones y rutinas de una persona para ofrecerle más contenido (música, cuentas de Instagram, anuncios, tiendas de ropa) que “encajan” con las preferencias de una persona en concreto; y lo que sucede es que, generalmente, aciertan, con lo cual volvemos a caer en el soma de la información preparada a medida de nuestros gustos, continuando con la pantalla encendida ad infinitum. 

Sin embargo, de forma inadvertida, estamos facilitando la clasificación de las personas por su acomodo en determinadas preferencias (gente que prefiere series de humor, dramas, ciencia ficción, intriga, documentales) volviendo a la categorización de los seres humanos, no en los cinco grupos de la novela, sino en n-categorías, subcategorías, y divisiones según el objeto del producto y la finalidad de la campaña de promoción del mismo. 

Dicho todo esto, ¿queda espacio a la libertad en este mundo de perpetua alimentación de “felicidad”?

En mi opinión, sí, porque el primer error que cometemos es haber caído en las redes del sistema, el cual ha conectado con nuestra percepción adulta de las cosas. No obstante, lo ideal sería tener la frescura y capacidad de asombro de un niño, de forma que diésemos a las cosas la importancia que tienen. 

De este modo, volviendo a un sentido natural de la vida, apreciaríamos la importancia del vínculo familiar encarnado en el cordón umbilical que nos conduce a la vida, en la familia como núcleo fuerte de construcción y educación de los valores de una persona y su carácter, y en millones de cosas imperceptibles en la naturaleza que nos pueden agradar y hacer más felices sin necesidad de algoritmos o pautas predeterminadas (así, por ejemplo ver volar a un determinado ave, la expresión de sorpresa de un niño ante un nuevo descubrimiento, la lectura de un libro, la contemplación de una pintura, o escuchar una determinada obra musical). 

Disfrutemos pues de la vida dentro de la familia como clan, permitamos asombrarnos de las cosas sencillas de cada día, apagando un poco más las pantallas, pues la creatividad necesita de una mente clara para desarrollarse y producir libros, obras musicales, ingenios o cualquier otra cosa que demuestre que la dignidad del ser humano se extiende a sus creaciones originales.

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